Para todos nosotros.

¡Hola a todos! Este último 12 de Octubre se celebró el Día del Respeto a la Diversidad Cultural, una festividad que resalta la importancia de la diversidad étnica y cultural de todos los pueblos (ha tenido esta denominación a partir del año 2010, porque entre 2007 y 2010 se llamó “Día de la Diversidad Cultural Americana”). Así que estuve pensando y armé una lista de varios libros que incluyen personajes diversos, es decir, que representan diferentes situaciones, etnias, formas de ver y enfrentar la vida, procedencias, orientaciones, trayectorias, etcétera. Se los muestro a continuación. También incluí una cita por libro elegido para convencerlos pero lean, lean tranquilos que no hay spoilers.

¿Los conocen? ¿Cuáles leyeron? ¿Qué les parecieron? ¿Qué otros libros y/o autores debería haber incluido en esta lista?

¡Buenas lecturas! Como siempre, los leo pronto,
Joti.

  • Los chicos rubios, Lisandro Nicolás de la Cruz Urquiza. Ésta es la dulce y valiente historia de Sebastián (37) y Aurek (17), padre soltero e hijo adolescente, que se mudan al mítico pueblo de Aldea del Norte, donde los apodan “los chicos rubios” por obvias razones y donde deberán transitar varias aventuras: una ex esposa, su mejor amigo enamorado de él y su propia conciencia para Sebastián; nuevos amigos, una novia y música para Aurek. Pero el autor nos recuerda que el propósito moral de ambos personjes es ser felices.

“En tanto continuaban marchando como si condujeran un contingente de turistas, los dos rubios seguían hablando del paisaje y lo que veían. En un punto de su caminata, Sebastián se detuvo a leer un cartel –hecho en madera como todo los que se veían en el barrio- y se sorprendió al ve en el mismo un dibujo de una flecha –que indicaba un camino a seguir- y la leyenda: A la estancia ‘e Don Pampero, avise si va a entr’a”.

Plus: ¡el libro incluye una playlist completísima capítulo por capítulo! Listo, ¡está todo dicho! Una de mis favoritas: “Creep”, de Radiohead.

  • Cosa de negros, Washington Cucurto (seudónimo de Santiago Vega). En este novela corta (donde predomina una narrativa irresistible de puros giros, expresiones, jerga, ritmos y figuras de todos los dialectos latinoamericanos), la reina indiscutida es la cumbia y su dominio, el barrio de Constitución, y allí todo es posible. El famoso “Sofocador de la Cumbia” llega a Buenos Aires para celebrar el 500° aniversario de la ciudad y toda la música tropical acompaña una loquísima serie de eventos, desde un secuestro presidencial hasta la constitución de una orquesta muy especial.

“Yo quisiera hablar del Samber, dar una conferencia en varios idiomas sobre el único lugar en esta perra ciudad que vale la pena posta; y un poco también para taparles la boca a esos bocones que escupen brea al techo. Fue lo mejor, y eso no me lo discute nadie. ¿Lo conoce? ¿Fue alguna vez? Bueno, no importa, yo voy a contárselo todo, pero lento, como avestruz, pero ya va a ir cachando la onda, y a veces me voy, entro, salgo, me disperso, soy un desastre pa contar, pero usted de acá va directo al Samber”.

  • La distancia entre nosotros, Reyna Grande. Se trata de una novela autobiográfica, hermosa y dura al mismo tiempo. Reyna, una nena mexicana (más específicamente, del pequeño pueblo Iguala de la Independencia) y sus hermanos, Mago y Carlos, viven con su abuela y con la constante esperanza de que sus padres regresen de Estados Unidos para vivir todos juntos. Ése es el gran deseo que experimentan todos los niños en Iguala. Hasta que las circunstancias obligan a los niños Grande a cruzar ellos mismos hacia “el otro lado” de manera ilegal.

“Al igual que mi abuela, al igual que Élida que me llama Chueca, mi maestro me hacía sentir avergonzada por usar la mano izquierda. Él no entendía que el lápiz obedecía a la mano izquierda y no a la derecha. Intenté escribir mi nombre una vez más, pero las letras salían torcidas y feas, hasta tal punto que comencé a odiar mi nombre, al maestro y a la escuela”.

  • Leer Lolita en Teherán, Azar Nafisi. Otra novela autobiográfica sencillamente increíble, en la que la autora cuenta cómo, después de renunciar a su puesto académico (enseñaba Literatura Inglesa), decidió formar una especie de taller literario secreto con siete de sus alumnas más aplicadas, en la ciudad de Teherán, Irán, para leer libros prohibidos. El título del libro nombra la gran novela de Vladimir Nabokov, pero ése es solamente el primero que se discute en las clases de los Jueves. Otros autores elegidos son Francis Scott Fitzgerald, Henry James y Jane Austen.

“Me sentía cansada y asustada. No se trataba del miedo a las balas, que caían demasiado cerca, sino que estaba asustada por la falta de algo, percibía como si l futuro se estuviera alejando de mí”.

Plus: fue necesario que la autora modificara algunos nombres y aspectos de la vida de los personajes para protegerlos de la censura y de otras personas que quisieran perjudicarlos de alguna manera.

Y un segundo plus, que no puedo omitir: mi edición (Duomo Ediciones, 2014) incluye una imperdible lista de lecturas sugeridas por la autora y un fragmento de una entrevista, donde habla del futuro de su país y explica porqué allí leer es un acto subversivo (si les interesa, la entrevista completa aparece en el sitio web oficial de la escritora).

¡POR FAVOR, LEANLO!

  • El vagón de las mujeres, Anita Nair. En India, hasta hace unos 20 años, existía una boletería especial para señoras y ancianos y, en la mayoría de los trenes nocturnos, un vagón especial para mujeres. Esta novela, entonces, cuenta la historia de un poderoso encuentro entre seis mujeres, que viajan en uno de estos vagones, en un tren que está atravesando toda India. En el trayecto con olor aventura, exploran temas como el amor, la familia, la amistad, el trabajo y el casamiento, temas que son de todos.

“La sexta pasajera enrolló su revista y dijo: No le voy a decir que las mujeres son débiles. Las mujeres son fuertes. Las mujeres pueden hacer de todo tan bien como los hombres. Las mujeres pueden hacer mucho más. Pero la mujer tiene que buscar ella misma esa veta de fuerza en su interior. No aflora por sí sola, espontáneamente”.

Plus: el último capítulo del libro es un conjunto de típicas recetas indias, divididas entre platos de desayuno, arroces, dulces, curries, entre otros.

  • Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie. La portada reza: Una novela sobre el amor, la raza… y el pelo afro. En esta novela que pronto será adaptada como miniserie, Ifemelu, una adolescente nigeriana logra conseguir la visa que necesita para escapar de su ciudad natal, Lagos, y de una dictadura militar hasta Brooklyn y estudiar en la universidad. Sin embargo, su nueva vida no es lo que ella esperaba, desde el tono exacto de su piel, los arreglos en sus trenzas y su romance con Obinze (otro adolescente nigeriano, que prefirió emigrar a Londres) hasta la búsqueda de trabajo y el envío permanente de dinero a su país.

“Ifemelu se incorporó a la cola de la parada de taxis frente a la estación. Esperaba que el taxista no fuera nigeriano, porque, tan pronto como oyese su acento, o bien mostraría un agresivo interés en contarle que tenía un doctorado, que el taxi era un segundo empleo y que su hija había obtenido mención honorífica en Rutgers, o bien conduciría en melancólico silencio… consumido de principio a fin por la humillación de que una paisana nigeriana… lo murase con aire de superioridad. En Estados Unidos todos los taxistas nigerianos estaban convencidos de que en realidad no eran nigerianos”.

  • Hot Sur, Laura Restrepo. En este thriller (muy divertido sí, pero thriller al fin), Laura Restrepo (me confieso fan de esta escritora colombiana) nos presenta a María Paz, una mujer joven latina que ve a Estados Unidos como una meta paradisíaca. Cuando llega, se casa con un policía bien “gringo”, que es asesinado. Indefensa, María Paz es culpada y sentenciada a prisión. Pero cuando finamente abandona la cárcel, se da cuente que ese mundo sórdido no era el verdadero infierno… Cada acontecimiento contribuye para que la historia siga escalando y escalando hacia un desenlace impresionante y no tengo palabras para describir el final (aprecien cuanto estoy intentando que no se me escape nada).

“Más tarde, bajo la ducha, a Rose le vino a la cabeza una idea. Aunque ‘idea’ no era la palabra: fue más bien el fogonazo de una imagen que lo asaltó junto con una desazón venida de atrás, de sus años en América del Sur: la figura solitaria de un hombre clavado a una cruz, un condenado a muerte. Un crucificado”.

Plus: me quedé boquiabierta al leer la dedicatoria: “A Javier, que pasa los días d su vida en una cárcel de Estados Unidos”.

  • El odio que das, Angie Thomas. Definitivamente, una de mis lecturas favoritas de este año (sé que va a estar en la lista que comparta en el mes de Diciembre, celebrando los mejores libros del 2018, ¡y no puedo esperar a ver la peli!). Es una historia tan necesaria como importante, la historia de otra adolescente. Pero ahora es el turno de Starr, 16 años, que ve cómo un policía blanco asesina a tiros a Khalil, su mejor amigo. La vida de Starr, que transcurre entre Gordon Heights, el barrio pobre de gente negra donde nació y vive con su familia, y un elegante distrito residencial blanco, da un giro de 180° cuando le toca lidiar con el racismo, la violencia policial y la discriminación, pero apoyada por la honestidad y el amor de su familia y su gente.

“Alguna vez papá me contó que existe una rabia transmitida a cada hombre desde sus ancestros, nacida en el momento en que no pudieron evitar que los esclavistas hirieran a sus familias. Papá también me dio que no hay nada más peligroso que la activación de esa ira”.

Plus: Angie Thomas, que se ha inspirado en el movimiento Black Lives Matter para escribir este libro desgarrador, termina sus Agradecimientos con un gran consejo: “Sed rosas que crecen en el asfalto”.

  • El ferrocarril subterráneo, Colson Whitehead.

El ferrocarril subterráneo era el nombre que recibía una agrupación secreta que operaba en el siglo XIX y se dedicaba a ayudar a los esclavos a escapar hacia los estados libres de Estados Unidos y Canadá. Pero en este libro tremendo, el autor imagina esa agrupación histórica como una verdadera red de estaciones de tren y vías escondidas que cruzan grandes territorios y que Cora, la protagonista, utiliza para huir de una plantación de algodón en Georgia y de la crueldad de sus amos.

“Si queréis saber de qué va este país, siempre digo lo mismo, tenéis que viajar en tren. Mirad afuera mientras avanzáis a toda velocidad y descubriréis el verdadero rostro de América”.

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